LA SABIDURÍA DE LA HUMILDAD

septiembre 28, 2011
HAY MUCHOS JEROMOS QUE TIENEN LA SABIDURÍA DE LA HUMILDAD.

por Daniel Jover

Conocemos personas que vale la pena escuchar: con su ejemplo hablan solo de lo que saben; de lo que piensan y sienten porque lo han visto con sus ojos. Son testimonios directos de la historia. Merecen nuestro respeto y reconocimiento. Entre ellos está Jerónimo Aguado (Jeromo) que vive dando muestras de lucidez en medio de la perplejidad. Tiene una clase de inteligencia que nos influye y nos confiere libertad. Siempre se deja interpelar por la realidad. Preguntando capta lo que realmente sucede y aprende lo esencial.

Por gente como él sabemos que la comunicación auténtica no se reduce a la simple transmisión de información y como dice Elliot “la única sabiduría que podemos adquirir es la de la humildad” (de humus tierra), porque es interminable y en ella se encuentra la verdad. Habla del sufrimiento, del dolor humano de la tierra y del mundo rural vivo con conocimiento de causa.

Pero Jeromo no es un ser excepcional ni ningún héroe. Conocemos mucha gente como él que ya desde la infancia encontraron la fortaleza suficiente para aprender a vivir en su propio desamparo y desvalimiento. Su modo de ser fieles era no detenerse y persistir. Condenados a ser fuertes porque todo su universo cotidiano era precario, fueron mejores que nosotras y nosotros. Aunque los logros y reconocimientos siempre llegan demasiado tarde mantienen el buen humor y la agudeza de sus observaciones haciendo juicios ponderados y sensatos. Cuando les preguntamos, escuchan atentamente antes de responder, relativizan determinados asuntos al situarlos en su contexto, piensan sin prisas en lo que realmente vale la pena y lo saben decir bien recordando entre las paredes frágiles de la memoria.

Hombres y sobre todo mujeres que custodian nuestros sueños y sostienen el mundo.

Por estos seres intuimos que bajo el deseo de saber siempre hay encendida una necesidad, un amor o una voluntad capaz de abrir las puertas más difíciles. Les debemos dar las gracias por perdurar con su tenacidad y paciencia.

Austeridad y respeto.

Igual que a Jeromo, no les gusta el exceso de comodidades ni tener demasiados lujos. En realidad suelen vivir con austeridad, llevan la vida con una sobriedad alegre y eso les da una inmensa riqueza. Saben que hay cosas que no se compran con dinero: el gusto por el trabajo bien hecho, la honradez y el respeto, el aprecio y consideración de las personas con quienes nos relacionamos, el amor y la amistad, el amparo y cuidado de los seres queridos, el sentido profundo de la familia, los pequeños placeres compartidos de la vida cotidiana, los sabores inimitables de la comida casera elaborada con afecto. Gracias a la sencillez en la que viven saben que estas cosas son en realidad bienes fundamentales para la felicidad humana y por eso precisamente no tienen precio ni se pueden adquirir en ningún mercado. Sienten nostalgia frecuentemente de aquel mundo que desapareció antes que ellos lo hagan y desearían el retorno de lo vivo lejano que saben imposible.

No nos agobian con su presencia, pero sabemos que están disponibles cuando los necesitamos.

Han sabido extraer experiencia de todo lo que han sufrido encontrando sentido a lo que han vivido. A menudo sus únicas posesiones son cualidades tan comunes como el tomillo de la sierra: la memoria, la curiosidad o la valiente alegría y el talento natural para persuadir. Por ellos sabemos que hablar, escuchar, entender, conversar, comunicar nos hace seres humanos. Que todos necesitamos ser respetados.

El Respeto es tan necesario como el pan para sobrevivir. Ninguna vida se basta a sí misma. Naciendo incompletos necesitamos buscar, dialogar e interactuar y de este modo encontrar lo que nos falta para ser. Para cumplir nuestra misión en la vida necesitamos la compañía y el respeto de los demás.

Saber escuchar.

La comunicación oral ha sido una gran tradición de la humanidad para trasmitir los valores culturales más valiosos. Un tesoro tal como nos lo demuestran estas personas cuando nos envuelven con la magia de la narración. Para adquirir este aprendizaje son necesarias la atención plena y saber escuchar. Pero ahora es tan fácil mentir, difamar, calumniar en esa inmensa charlatanería universal que es la red cuando secuestra la esencia de la verdad….

Hablar con sentido y conocimiento de causa es una característica que se alcanza con la experiencia, y Jeromo la tiene. Es una cualidad que la poseen especialmente las mujeres que cuentan y cantan lo sustancial para vivir. En su infancia observaban el mundo y respetaban con veneración a sus mayores de quienes aprendían. Luego en su juventud todo lo hacían desinteresadamente y con gusto. Tal vez por eso, entonces, les aprovechaban mejor las experiencias, descubrían los conocimientos o saberes significativos y aprendían tanto de las lecciones de la vida que les llevaba a amarla con plenitud.

Como Jeromo suelen ser amantes de su trabajo, solidarias, silenciosas, entregadas a su oficio… de pastor y cuidador de la tierra. Aunque no tengan demasiados estudios o quizás precisamente por eso son sabias. El tiempo, ese gran maestro, (Jeromo tiene ya 53 años de juventud acumulada) les suele obsequiar con una pátina de autenticidad y el gusto por la verdad les impide ser viejos.

Toman conciencia reflexiva de la historia y sus circunstancias dramáticas al comprobar que, efectivamente, conocen bien algo porque lo han vivido y experimentado con su esfuerzo y paciencia. Gracias a esa historia compartida somos lo que somos. Unos por los otros, unos con los otros. Al hablar Jeromo a su manera como otra buena gente que conocemos expresan una personalidad que los hace singulares y también detienen el tiempo, ese que nunca espera.

No hablan confuso porque lo que dicen es profundo. Su palabra viva es el acta notarial que evidencia el sentido último. Rescatan en sus recuerdos y sus compromisos vivencias importantes para toda la sociedad nacidas desde la generosidad. Como Jeromo son la permanencia de lo insólito. Recuerdan lo que otros han olvidado y nutren nuestra común memoria histórica.

Necesitamos recordarlos ahora, situarlos en la historia para captar todo su sentido en nuestro momento presente. …Por favor, no es el mejor camino ni la difamación, ni la calumnia por muchas razones sacadas de quicio que se quieran anteponer. Dejen en paz a Jeromo, nuestro amigo que, como otras personas, son buena gente.

http://elmanifiestoinfinito.wordpress.com/2011/09/28/la-sabiduria-de-la-humildad/

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